
miércoles, 20 de diciembre de 2006
Revolucion Rusa
Durante los primeros años del siglo XX, Rusia vivió una serie de dificultades económicas que empujaron al Estado a una lucha por el control del Pacífico, posible solución para colocar los productos y pagar créditos que habían sido solicitados a franceses y belgas, por ejemplo, para el fomento de la industrialización. Japón trató de evitar la expansión de los rusos en su zona de influencia, y estalló la Guerra Ruso-japonesa que demostró, una vez más, la incapacidad rusa; el país cayó en una crisis profunda, ya que no pudo soportar los enormes gastos sin la recompensa del triunfo. La población sufrió, además de desilusión, penuria y sobre todo hambre. En estas circunstancias, los partidos opositores al zar organizaron una revolución, que no triunfó pero que ensayó modelos de actuación para el futuro.
Lenin con un grupo de militares en la Plaza Roja
Las tropas del zar pudieron someter a los revolucionarios que se habían organizado en comités de obreros y soldados en las grandes ciudades, que se denominaron Soviets, y que serían un sistema de organización de gran trascendencia años más tarde. Por otro lado, el zar no tuvo más remedio que demostrar su voluntad reformadora creando una Asamblea consultiva, la Duma, en la que los políticos pusieron sus esperanzas de que se terminara estableciendo una Constitución.
En 1914 estalló la guerra mundial y Rusia desde el principio participó junto a británicos y franceses. Su papel, desde el comienzo, fue desdichado, por lo que se comenzaron a verter críticas a la labor rusa, que se sumaron a las manifestaciones por la carestía de productos de primera necesidad y las continuas levas.
La Revolución de Febrero
Previamente al estallido revolucionario, el zar había disuelto la Duma, pero en febrero de 1917, los soviets y la prensa empujaron al pueblo a la toma del Palacio de Invierno, residencia del zar, con el apoyo de parte del ejército. El zar Nicolás II tomó la decisión de abdicar en el príncipe Lvov, que comenzó a gobernar con representantes de la Duma. Se abría una fase moderada de la revolución. En esta etapa, gobernó Lvov, pero poco después fue sustituido por Kerenski, que formó un gobierno provisional en el que tomaron parte moderados y mencheviques, y quedaron excluidos los radicales y los bolcheviques. Las decisiones más importantes de este momento fueron la de seguir los pactos establecidos con Francia e Inglaterra, por lo que Rusia continuaba con sus compromisos en la Guerra Mundial; asimismo, comenzaron las reuniones para la formación de una asamblea constituyente, es decir, se planteaba la redacción de una Constitución, pero esta labor quedó condicionada por la guerra.
Los problemas se fueron sucediendo, sobre todo porque existía un gobierno paralelo, los soviets, controlados por los comités de obreros y soldados, que no reconocía las leyes del gobierno provisional como legítimas. Los soviets pidieron la solución de los problemas de los campesinos y fomentaron la ocupación de las tierras, a la vez que exigieron a los empresarios mejoras laborales.
Es en este momento cuando Lenin escribió las Tesis de abril en las que apoya una fase nueva para la revolución, que se resume en "Paz, tierra y todo el poder a los soviets".
Las condiciones del gobierno de Kerenski cada vez eran más delicadas, puesto que los militares zaristas trataron de recuperar el poder. En este contexto se produjo el golpe de estado del general Kornilov, abortado por el gobierno, pero que tuvo una consecuencia gravísima, puesto que los bolcheviques a partir de entonces controlaron totalmente los soviets
La Revolución de Octubre
En octubre se reunieron los bolcheviques en un congreso, en el que se preparó la definitiva revolución. Los bolcheviques, dirigidos por Lenin, Trotski y Stalin, tomaron el Palacio de Invierno y destituyeron al gobierno provisional. Se estableció un Gobierno de Comisarios del Pueblo, dirigido por Lenin, que gobernó sobre los diferentes soviets. Trotski, jefe del soviet de Petrogrado (San Petersburgo), ocupó el puesto de Ministro de Asuntos Exteriores. Desde este puesto estableció las negociaciones con Alemania para lograr la paz.
Las primeras medidas del nuevo gobierno se resumían en la necesidad de lograr la paz, que fue negociada y firmada en Brest-Litovs. Rusia, según este documento, abandonaba la guerra y cedía parte de su territorio, ya que consideraba prioritario salvar la revolución antes que preservar la integridad territorial. Otras medidas del nuevo gobierno fueron la firma de decretos sobre la tierra que pusieron fin a la gran propiedad; las fábricas fueron controladas por los obreros; se nacionalizaron los bancos, y se organizaron elecciones para elegir una asamblea constituyente.
Las elecciones que se celebraron fueron un fracaso para los bolcheviques, por lo que éstos decidieron anularlas y redactar el propio gobierno una constitución: La Constitución de 1918. Por ella se establecía la separación del poder ejecutivo y el legislativo, a través de los siguientes órganos: Congreso de los Soviets, Comité Central o Soviet Supremo y Presidium o comisarios del pueblo. Tras la aprobación de la Constitución se iniciaba una etapa conocida como Comunismo de Guerra, puesto que se vivía una guerra civil que no terminó hasta 1921, ya que los opositores contaron con el apoyo de las tropas de los países occidentales. Fue en esta época cuando se creó el Ejército Rojo, institución defensora de la Revolución organizada por Trotski.
Lenin con un grupo de militares en la Plaza Roja
Las tropas del zar pudieron someter a los revolucionarios que se habían organizado en comités de obreros y soldados en las grandes ciudades, que se denominaron Soviets, y que serían un sistema de organización de gran trascendencia años más tarde. Por otro lado, el zar no tuvo más remedio que demostrar su voluntad reformadora creando una Asamblea consultiva, la Duma, en la que los políticos pusieron sus esperanzas de que se terminara estableciendo una Constitución.
En 1914 estalló la guerra mundial y Rusia desde el principio participó junto a británicos y franceses. Su papel, desde el comienzo, fue desdichado, por lo que se comenzaron a verter críticas a la labor rusa, que se sumaron a las manifestaciones por la carestía de productos de primera necesidad y las continuas levas.
La Revolución de Febrero
Previamente al estallido revolucionario, el zar había disuelto la Duma, pero en febrero de 1917, los soviets y la prensa empujaron al pueblo a la toma del Palacio de Invierno, residencia del zar, con el apoyo de parte del ejército. El zar Nicolás II tomó la decisión de abdicar en el príncipe Lvov, que comenzó a gobernar con representantes de la Duma. Se abría una fase moderada de la revolución. En esta etapa, gobernó Lvov, pero poco después fue sustituido por Kerenski, que formó un gobierno provisional en el que tomaron parte moderados y mencheviques, y quedaron excluidos los radicales y los bolcheviques. Las decisiones más importantes de este momento fueron la de seguir los pactos establecidos con Francia e Inglaterra, por lo que Rusia continuaba con sus compromisos en la Guerra Mundial; asimismo, comenzaron las reuniones para la formación de una asamblea constituyente, es decir, se planteaba la redacción de una Constitución, pero esta labor quedó condicionada por la guerra.
Los problemas se fueron sucediendo, sobre todo porque existía un gobierno paralelo, los soviets, controlados por los comités de obreros y soldados, que no reconocía las leyes del gobierno provisional como legítimas. Los soviets pidieron la solución de los problemas de los campesinos y fomentaron la ocupación de las tierras, a la vez que exigieron a los empresarios mejoras laborales.
Es en este momento cuando Lenin escribió las Tesis de abril en las que apoya una fase nueva para la revolución, que se resume en "Paz, tierra y todo el poder a los soviets".
Las condiciones del gobierno de Kerenski cada vez eran más delicadas, puesto que los militares zaristas trataron de recuperar el poder. En este contexto se produjo el golpe de estado del general Kornilov, abortado por el gobierno, pero que tuvo una consecuencia gravísima, puesto que los bolcheviques a partir de entonces controlaron totalmente los soviets
La Revolución de Octubre
En octubre se reunieron los bolcheviques en un congreso, en el que se preparó la definitiva revolución. Los bolcheviques, dirigidos por Lenin, Trotski y Stalin, tomaron el Palacio de Invierno y destituyeron al gobierno provisional. Se estableció un Gobierno de Comisarios del Pueblo, dirigido por Lenin, que gobernó sobre los diferentes soviets. Trotski, jefe del soviet de Petrogrado (San Petersburgo), ocupó el puesto de Ministro de Asuntos Exteriores. Desde este puesto estableció las negociaciones con Alemania para lograr la paz.
Las primeras medidas del nuevo gobierno se resumían en la necesidad de lograr la paz, que fue negociada y firmada en Brest-Litovs. Rusia, según este documento, abandonaba la guerra y cedía parte de su territorio, ya que consideraba prioritario salvar la revolución antes que preservar la integridad territorial. Otras medidas del nuevo gobierno fueron la firma de decretos sobre la tierra que pusieron fin a la gran propiedad; las fábricas fueron controladas por los obreros; se nacionalizaron los bancos, y se organizaron elecciones para elegir una asamblea constituyente.
Las elecciones que se celebraron fueron un fracaso para los bolcheviques, por lo que éstos decidieron anularlas y redactar el propio gobierno una constitución: La Constitución de 1918. Por ella se establecía la separación del poder ejecutivo y el legislativo, a través de los siguientes órganos: Congreso de los Soviets, Comité Central o Soviet Supremo y Presidium o comisarios del pueblo. Tras la aprobación de la Constitución se iniciaba una etapa conocida como Comunismo de Guerra, puesto que se vivía una guerra civil que no terminó hasta 1921, ya que los opositores contaron con el apoyo de las tropas de los países occidentales. Fue en esta época cuando se creó el Ejército Rojo, institución defensora de la Revolución organizada por Trotski.
martes, 19 de diciembre de 2006
Revolución de mayo

Horas de angustia se vivían en Buenos Aires a comienzos de 1808. La euforia provocada por el rechazo a las dos invasiones inglesas se fue apagando lentamente cuando se recibió una intimación de la corona portuguesa para que el Río de la Plata se someta a su control. Para colmo de males, se hacía cada vez más fuerte el rumor de que los ingleses estaban preparando un tercer ataque. Los días de júbilo vividos menos de un año atrás parecían haber quedado sepultados muy lejos en el tiempo.¿Por qué Portugal se animaba a tener pretensiones sobre Buenos Aires? Porque por ser aliado de Inglaterra estaba indirectamente en guerra con España, la que a su vez era aliada de Francia. La amenaza portuguesa surgió en forma inmediata a la mudanza de su corona a Brasil, luego de que las tropas napoleónicas invadieran su territorio el 29 de noviembre de 1807. Los porteños tenían ahora un nuevo enemigo en sus fronteras.El tercer asalto inglés a Buenos Aires, finalmente, no se produjo, porque la invasión napoleónica a España hizo cambiar las alianzas: los invadidos pidieron ayuda a Inglaterra para luchar contra Napoleón, a lo que Londres accedió gustoso y de paso suspendió el ataque al Río de la Plata. Inglaterra también hizo desistir a Portugal de esas ambiciones.
La princesa Carlota JoaquinaEra la esposa de Juan, el regente de Portugal, y la hermana de Fernando VII. Ambiciosa, hizo todo lo posible para reinar en el Río de la Plata. Un grupo de patriotas la apoyó creyendo que era una manera de lograr la independencia.
En España, en tanto, todo era caos: invadida por Napoleón, se quedó sin rey luego de una curiosa sucesión de hechos. Carlos IV había cedido su corona bajopresión a su hijo Fernando, ya con los franceses dentro de su territorio. Pero poco le duró a Fernando VII la diadema: Napoleón citó a padre e hijo en la ciudad de Bayona, en los Pirineos. Convenció a Fernando de que debía devolver la corona a su padre, y a éste de que debía cedérsela al emperador. Con la corona en sus manos, Napoleón se la otorgó a su hermano, José. Este episodio se conoce como “la farsa de Bayona”.
La princesa Carlota JoaquinaEra la esposa de Juan, el regente de Portugal, y la hermana de Fernando VII. Ambiciosa, hizo todo lo posible para reinar en el Río de la Plata. Un grupo de patriotas la apoyó creyendo que era una manera de lograr la independencia.
En España, en tanto, todo era caos: invadida por Napoleón, se quedó sin rey luego de una curiosa sucesión de hechos. Carlos IV había cedido su corona bajopresión a su hijo Fernando, ya con los franceses dentro de su territorio. Pero poco le duró a Fernando VII la diadema: Napoleón citó a padre e hijo en la ciudad de Bayona, en los Pirineos. Convenció a Fernando de que debía devolver la corona a su padre, y a éste de que debía cedérsela al emperador. Con la corona en sus manos, Napoleón se la otorgó a su hermano, José. Este episodio se conoce como “la farsa de Bayona”.
Antecedentes de la revolucion industrial

> Inicios de la Revolución IndustrialÉpoca: eco XVIIIInicio: Año 1660Fin: Año 1789Antecedentes Formas de organización industrial
Durante los últimos decenios del siglo XVIII se ponía en marcha en Inglaterra la denominada revolución industrial, esto es, un proceso de crecimiento de la producción y de transformaciones estructurales que en un lapso de tiempo relativamente corto (no más de dos generaciones) daría lugar a una nueva sociedad en la que el capitalismo industrial estaba plenamente asentado. Sus limites cronológicos suelen situarse en el decenio de 1780, cuando, dice Hobsbawm, las curvas estadísticas más importantes inician una importante subida (o, más concretamente, 1763, cuando el final de la Guerra de los Siete Años supuso un gran avance en el dominio colonial de Gran Bretaña, o 1765, año de instalación de las primeras jennys... ) y, por el extremo superior, en 1830, en que se inauguró el primer ferrocarril. No exageran los historiadores que comparan su trascendencia con la de la revolución neolítica. Sus consecuencias se advertirán en todos los ámbitos (económico, social, político, cultural, vital) y "en la perspectiva del tiempo largo", serán, entre otras, el afianzamiento del sistema fabril (factory system); el crecimiento autosostenido de la producción y, con ello, la ruptura de los viejos y rígidos topes que impedían el crecimiento de la población (siempre acompañado, además, de su empobrecimiento) más allá de unos estrechos límites; la consagración definitiva de la figura del empresario industrial (por extensión, de la burguesía, propietaria fundamental de los medios de producción); la generalización del trabajo asalariado, formándose una nueva clase social, el proletariado, ajena a la propiedad de los medios de producción y cuyas condiciones laborales se modificaron profundamente respecto a la etapa anterior... El proceso, iniciado en Gran Bretaña, fue vivido desde la Europa continental a la vez como desafío y amenaza, tanto desde el punto de vista económico como desde el político, provocando la emulación, primero en Francia y la actual Bélgica, después en los territorios que darían lugar a Alemania, Estados Unidos y otros países. Pero esto ocurrió ya en el siglo XIX. Por lo que respecta al Setecientos, la revolución industrial es un fenómeno estrictamente británico y estaba sólo en sus comienzos: la fase decisiva será, precisamente, la comprendida entre 1800 y 1830. Por ello, deberemos centrarnos, sobre todo, en las razones que hicieron de Inglaterra el primer país industrial. Lo que, sin embargo, no es tarea del todo fácil. Pese a la inmensa bibliografía disponible, "todavía sabernos más acerca del cómo que del por qué", escribía no hace mucho David S. Landes, refiriéndose a la dificultad de establecer con exactitud la dinámica de los diversos factores que intervinieron en el proceso y la importancia de cada uno de ellos. Porque las explicaciones monocausales, esgrimidas hasta hace relativamente poco, han quedado definitivamente descartadas. Y en los análisis tienen cabida factores ya no exclusivamente económicos, sino de orden político, social, legislativo o cultural
Matrimonio y familia

Del nuevo Estado revolucionario francés emanaron formas particulares de contemplar instituciones tradicionales como la familia. La invasión de terrenos antes reservados al ámbito de lo puramente personal o privado fue una constante durante los años de la Revolución, quedando muchos de los rasgos o aspectos de esa invasión incorporados a la legislación francesa y al derecho internacional.El matrimonio, institucionalización religiosa de la unidad familiar, se secularizó, siendo considerado un contrato civil. A partir de este momento, el Estado interviene en las uniones matrimoniales mediante un representante que garantiza la legalidad de la unión, sin cuya presencia la ceremonia carece de validez. Igualmente, el Estado reglamentó el matrimonio estableciendo los requisitos necesarios para poder contraerlo, los aspectos formales y legales del mismo y las consecuencias de la unión para la futura prole.Además de sobre el matrimonio, otros aspectos relacionados con el ámbito familiar se vieron afectados por la inmiscusión del Estado en los asuntos privados. Así, por ejemplo, se regularon los procesos de adopción, se otorgaron ciertos derechos a los hijos naturales, se legalizó el divorcio y se restringieron los poderes paternos, en especial la facultad de desheredar a los hijos. Siguiendo a Lynn Hunt, en el capítulo correspondiente de la "Historia de la vida privada" (dirigido por Ariès y Duby), los niños, al decir de Danton, "pertenecen a la República antes que a sus padres".La creación de tribunales de familia dio un paso más en este sentido. Su finalidad última era procurar una vía de intervención de la familia por parte del Estado, imponiendo su control sobre el familiar o el eclesiástico.Pero, ¿por qué ese afán por controlar y reglamentar hasta ámbitos tan puramente privados? Desde luego, la finalidad de los revolucionarios y su nuevo orden social era procurar la felicidad de los individuos, garantizar la igualdad y fabricar una nueva sociedad basadas en principios de libertad y equilibrio. No se les escapaba que, para lograrlo, debían realizar profundas transformaciones en un orden, el antiguo, que ya llevaba demasiado tiempo en vigencia. Los cambios, pues, habrían de tener efecto a medio o largo plazo, es decir, empezando a trabajar por la base de la sociedad -la familia y los niños- mediante las herramientas adecuadas -las leyes y la educación-, para, mediante la creación de un individuo totalmente nuevo lograr una sociedad transformada. Se hacía necesario, pues, intervenir hasta en los más íntimos y recónditos rincones de la sociedad para poder cambiarla, más aun teniendo en cuenta la fuerza de la tradición y la resistencia al cambio de instituciones y estructuras firmemente asentadas. Una sociedad de individuos libres y felices, pensaban, sería necesariamente libre y feliz. Así, el Estado debía garantizar y velar por la libertad individual, interviniendo en contra de instituciones que la coartaban o limitaban, como la familia o la Iglesia, aun a costa de mostrarse a sí mismo paternalista o tiránico.
Imágenes de la Historia
Protagonistas de la Historia comprende un archivo de 5400 imágenes, entre fotografías , diagramas y grandes obras de arte. En breve incluiremos distintos índices para facilitar la búsqueda de una imagen determinada. De momento puedes acceder a las imágenes a través de los Personajes y los Contextos Históricos o por el índice general.
Introducción

La Revolución francesa pretende acabar con estructuras, tradiciones y formas de vida sólidamente arraigadas para imponer un nuevo orden social y cultural en el que los individuos serán más felices, regidas sus vidas por la racionalidad y el equilibrio. Para ello, consciente de la dificultad de su ambiciosa empresa, instaura mecanismos de control sobre las vidas individuales cuya mayor consecuencia es la inmiscusión en los ámbitos más recónditos de la privacidad. El nuevo Estado revolucionario se sabe débil en los primeros momentos, a veces incomprendido. Las fuerzas contrarrevolucionarias luchan por no verse desbancadas de sus posiciones de privilegio, mientras que una gran parte de la población no comprende los cambios y los observa con recelo. La continuidad de la Revolución ha de hacerse, piensan, mediante un violento control que se llevará hasta sus dramáticas consecuencias en la época del Terror. Los cambios propuestos afectan no sólo a la vida pública sino incluso a aquellas instituciones como la familia cuyo ámbito de actuación y desarrollo se insertan en la plena privacidad. Se propone conseguir un individuo nuevo como base para una sociedad transformada, más justa, libre y equilibrada. Para ello, los cambios no han de hacerse sólo en la superficie del sistema social: no basta con cambiar las formas de gobierno, ni las estructuras económicas, ni el sistema social basado en la división estamental. Los cambios han de penetrar en la vida cotidiana de los franceses, con el fin de fabricar desde la raíz un individuo nuevo que servirá de materia prima con la que construir una sociedad perfecta. Además, la necesidad de expresión y ubicuidad del nuevo estado Republicano, su búsqueda de legitimidad histórica y continuidad, le hará instaurar símbolos que estarán presentes en ámbitos tan dispares como los objetos de uso cotidiano o la percepción del tiempo. Una nueva sociedad requiere de un nuevo lenguaje: limadas las desigualdades, el vocabulario y las expresiones no son usados para marcar diferencias de clase sino para acercar a los individuos. Igual ocurrirá con el vestido, que ya no será un símbolo de distinción sino de homologación y uniformidad.La mujer revolucionaria, protagonista en muchas actuaciones en pie de igualdad con los hombres, luchará por salir del ámbito privado doméstico para mostrarse y participar de la vida pública. Sin embargo, para el Estado los ámbitos íntimos son por definición el medio en el que ha de desarrollarse lo femenino: la mujer ha de permanecer en la casa; lo contrario sería subvertir el orden natural.
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