martes, 19 de diciembre de 2006

Revolución de mayo


Horas de angustia se vivían en Buenos Aires a comienzos de 1808. La euforia provocada por el rechazo a las dos invasiones inglesas se fue apagando lentamente cuando se recibió una intimación de la corona portuguesa para que el Río de la Plata se someta a su control. Para colmo de males, se hacía cada vez más fuerte el rumor de que los ingleses estaban preparando un tercer ataque. Los días de júbilo vividos menos de un año atrás parecían haber quedado sepultados muy lejos en el tiempo.¿Por qué Portugal se animaba a tener pretensiones sobre Buenos Aires? Porque por ser aliado de Inglaterra estaba indirectamente en guerra con España, la que a su vez era aliada de Francia. La amenaza portuguesa surgió en forma inmediata a la mudanza de su corona a Brasil, luego de que las tropas napoleónicas invadieran su territorio el 29 de noviembre de 1807. Los porteños tenían ahora un nuevo enemigo en sus fronteras.El tercer asalto inglés a Buenos Aires, finalmente, no se produjo, porque la invasión napoleónica a España hizo cambiar las alianzas: los invadidos pidieron ayuda a Inglaterra para luchar contra Napoleón, a lo que Londres accedió gustoso y de paso suspendió el ataque al Río de la Plata. Inglaterra también hizo desistir a Portugal de esas ambiciones.
La princesa Carlota JoaquinaEra la esposa de Juan, el regente de Portugal, y la hermana de Fernando VII. Ambiciosa, hizo todo lo posible para reinar en el Río de la Plata. Un grupo de patriotas la apoyó creyendo que era una manera de lograr la independencia.
En España, en tanto, todo era caos: invadida por Napoleón, se quedó sin rey luego de una curiosa sucesión de hechos. Carlos IV había cedido su corona bajopresión a su hijo Fernando, ya con los franceses dentro de su territorio. Pero poco le duró a Fernando VII la diadema: Napoleón citó a padre e hijo en la ciudad de Bayona, en los Pirineos. Convenció a Fernando de que debía devolver la corona a su padre, y a éste de que debía cedérsela al emperador. Con la corona en sus manos, Napoleón se la otorgó a su hermano, José. Este episodio se conoce como “la farsa de Bayona”.

No hay comentarios: